Es difícil imaginarse un mundo donde EU no juegue un papel fundamental en liderear a los países democráticos para enfrentar la pobreza, la desigualdad y el cambio climático.

El futuro del planeta literalmente será definido por electores en Estados Unidos, Alemania, Francia y posiblemente India. Porque los líderes electos en estas “democracias” tendrán que hacer difíciles decisiones de quién los gobernará en los siguientes años. Y los gobernantes y legisladores de estos países definirán el rumbo en materia geopolítica, económica y especialmente en materia del cambio climático. Definirán como será el ‘nuevo orden mundial’.

Esta semana el presidente Joe Biden, en un discurso para la reunión trimestral del Business Roundtable’s, donde participan líderes de las empresas más importantes de Estados Unidos, señalaba que su madre decía “De todo lo terrible, algo bueno saldrá si lo buscas lo suficiente”. Este discurso se lleva acabo en un momento en donde Biden sigue cayendo en las encuestas de popularidad. Según el portal https://fivethirtyeight.com/ la popularidad del presidente estadounidense sigue en caída, con un promedio de desaprobación histórico de 42 porciento. Solo Donald Trump, hace cuatro años, rebasa estos niveles de cuestionamiento de un mandatario estadounidense.

En la conferencia de esta semana, Biden, con un tono optimista, señalaba ante los CEO “Creo que esto nos presenta algunas oportunidades importantes para hacer algunos cambios reales. Sabes, creo que estamos en un punto de inflexión en la economía mundial, no solo en la economía mundial, en el mundo. Ocurre cada tres o cuatro generaciones. Como me dijo uno de los principales militares en una reunión segura el otro día, 60 millones de personas murieron entre 1900 y 1946. Y desde entonces, hemos establecido un orden mundial liberal, y eso no había sucedido. Ocurrió en mucho tiempo. Mucha gente muriendo, pero nada cerca del caos.

Y ahora es un momento en que las cosas están cambiando. Habrá un nuevo orden mundial y tenemos que liderarlo. Y tenemos que unir al resto del mundo libre para hacerlo”.

Así lo dijo Biden ante los líderes empresariales. Señaló que habrá “un nuevo orden mundial”.

Y es que todavía continúa un cuestionamiento fundamental en Estados Unidos: si el legado político que dejó el expresidente Donald Trump es permanente o Estados Unidos podrá asumir el liderazgo político y económico para las democracias de Occidente. O, de nuevo, la popularidad de Donald Trump en un país profundamente dividido políticamente habría marcado al electorado estadounidense, donde el liderazgo de ese país estaría debilitado permanentemente en materia seguridad, economía y cambio climático.

Y es que es difícil imaginarse un mundo en donde la hegemonía de Estados Unidos no juegue un papel fundamental en liderear a los países democráticos para enfrentar los grandes retos que presentan la pobreza, la desigualdad y el cambio climático.

El problema de los líderes tiranos, autoritarios o populistas es que no responden a las necesidades de los ciudadanos que supuestamente representan. Su prioridad siempre será enaltecer su estatus de caudillo, y su legado histórico. Estos líderes dejan de escuchar al electorado, buscan dividir en lugar de buscar consenso democrático para solucionar los problemas más complejos que enfrenta la humanidad. Vladimir Putin, Xi Jinping y Donald Trump se han preocupado más por el poder y mucho menos en las necedades de sus ciudadanos.

Por ejemplo, en el caso de Estados Unidos, en este momento las encuestas señalan que hay una gran probabilidad de que los demócratas pierdan el control de ambas cámaras legislativas. Esto sería una señal sobre el cuestionamiento del papel que debería de jugar Estados Unidos en unificar el mundo occidental ante la embestida de Vladimir Putin, pero también en coordinar un esfuerzo global para enfrentar la pandemia del COVID19, la recuperación económica y combatir el cambio climático.

Una democracia dividida, como la estadounidense, perfectamente permitiría que un demente como Donald Trump retome el control sobre los estadounidense. Y eso impactará mundialmente las democracias de Occidente. Sí, también impactará a México, donde los pesos y contrapesos rápidamente desaparecen ante un presidente Andrés Manuel López Obrador que ha expresado continuamente su desdén a la sociedad civil, medios de comunicación y las instituciones que tradicionalmente juegan un papel de equilibrio ante la tentación de los autoritarios.

Qué difícil decirlo, pero el futuro de México y otras democracias podrían estar en manos de los electores estadounidenses en las elecciones intermedias en 2022 y las presidenciales en dos años más. Porque los grandes problemas para México, que incluye una migración desbordada por las pocas oportunidades, el impacto del cambio climático y de la violencia en México, dependerán más de los electores estadounidenses y no de los gobiernos ‘democráticamente electos’ en México.

 

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