La población del país nórdico se muestra abrumadoramente a favor de la adhesión a pesar de las constantes amenazas del Kremlin

En el sur de Helsinki, frente a las aguas del mar Báltico, sobresale una figura femenina de más de cinco metros de altura encima de un pedestal de granito. “Esta estatua fue erigida por el pueblo finlandés como símbolo de la coexistencia pacífica y de la amistad entre Finlandia y la Unión Soviética”, reza una inscripción escrita en finés, sueco —lengua cooficial— y ruso. Construido en 1968 con motivo del vigésimo aniversario del tratado de defensa mutua que Moscú forzó a Helsinki a firmar, el monumento simboliza las décadas en las que el país nórdico vivió a la sombra de su gigantesco vecino.

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